Cuentos
HISTORIA DE DOS CIUDADES
Un viajero que se aproximaba a una gran ciudad le preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino:
-“¿Cómo es la gente de esta ciudad?”
-“¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?”- Le inquirió ella a su vez.
-“Terrible”- Respondió el viajero. –“Mezquina. No se puede confiar en ella. Detestable en todo los sentidos”.
- “¡Ah!-“, Exclamó la mujer. –“Encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges”-.
Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía.
-“Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir”- Declaró el segundo viajero.
La sábia mujer le respondió: -“Lo mismo hallarás en la Ciudad adonde te diriges”.
En ocasiones no vemos las cosas como son, las vemos como somos...
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LA JOYA
LA JOYA
Un hombre, viendo cercana su muerte, quiso dejarle a su hija una joya y le dijo:
Mira, esta joya, lo que lleva dentro en un diamante valiosísimo y te servirá para salir de apuros pero no lo vendas a no ser que sea absolutamente necesario.
La hija tuvo muy malos momentos pero siempre dejó su diamante para épocas peores. Prosperó; salió adelante y cuando su vida estaba asegurada, puesto que la había resuelto en el mundo empresarial, quiso saber que valor tenía la joya de la que no se quiso desprender ni aún en sus épocas peores.
La llevó a un joyero para que tasara su valor. Después de un examen minucioso el joyero le dijo que su diamante no tenía ningún valor porque realmente era un trozo de cristal. Ella se rió estrepitosamente dejando muy sorprendido al joyero que le preguntó: “¿Cómo puede usted reírse si pensó que tenía una joya y acaba de descubrir que no tiene ningún valor?”, ella contestó: “Realmente mi padre me dejo una joya de gran valor: Me regaló la fe”.
Fue la fe quien me ayudo a superar incluso los momentos más difíciles.
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JUICIO INJUSTO
Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un “chivo expiatorio”, para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas esperanzas de escapar al terrible veredicto: ¡La horca!
El juez, también comprado, cuidó no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado: -“Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de El tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino”.
Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: ‘CULPABLE’. Y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles doblados.
Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon... -“Pero..., ¿qué hizo...?, ¿y ahora...?, ¿cómo vamos a saber el veredicto...?”. -“Es muy sencillo, respondió el hombre... es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué”. Con un gran coraje disimulado, tuvieron que liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo...
Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni de luchar hasta el último momento. Muchas veces creemos que los problemas no tienen solución y nos resignamos a perder y no luchar, olvidando aquellas palabras de: “Lo que es imposible para el ser humano, es posible para Dios”.
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LA FELICIDAD DE NO DEPENDER
La historia se refiere a un individuo que se mudó de aldea, en la India, y se encontró con lo que allí llaman un sennyasi. Este es un mendicante errante, una persona que, tras haber alcanzado la iluminación, comprende que el mundo entero es su hogar, el cielo su techo y Dios su Padre, que cuidará de él. Entonces se traslada de un lugar al otro. Tal como tú y yo nos trasladaríamos de una habitación a otra de nuestro hogar.
Al encontrarse con el sennyasi, el aldeano dijo: -"¡No lo puedo creer! Anoche soñé con usted. Soñé que el Señor me decía: -Mañana por la mañana abandonarás la aldea, hacia las once, y te encontrarás con este sennyasi errante- y aquí me encontré con usted."
-"¿Qué más le dijo el Señor?" Preguntó el sennyasi.
Me dijo: -"Si el hombre te da una piedra preciosa que posee, serás el hombre más rico del mundo ... ¿Me daría usted la piedra?"
Entonces el sennyasi revolvió en un pequeño zurrón que llevaba y dijo: -"¿Será ésta la piedra de la cual usted hablaba?"
El aldeano no podía dar crédito a sus ojos, porque era un diamante, el diamante más grande del mundo. -"¿Podría quedármelo?"
- "Por supuesto, puede conservarlo; lo encontré en un bosque. Es para usted."
Siguió su camino y se sentó bajo un árbol, en las afueras de la aldea. El aldeano tomó el diamante y ¡qué inmensa fue su dicha! Como lo es la nuestra el día en que obtenemos algo que realmente deseamos.
El aldeano en vez de ir a su hogar, se sentó bajo un árbol y permaneció todo el día sentado, sumido en meditación. Y, al caer la tarde, se dirigió al árbol bajo el cual estaba sentado el sennyasi, le devolvió a éste el diamante y dijo: -"¿Podría hacerme un favor?"
- "¿Cuál?" le pregunto el sennyasi.
-"Podría darme la riqueza que le permite a usted deshacerse de esta piedra preciosa tan fácilmente?"
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LA VASIJA AGRIETADA
Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: -"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir."
El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: -"Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino." Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces -"Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?. Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados. Uno no deja de reír por hacerse viejo, se hace uno viejo por dejar de reír.
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LOS TRES FILTROS
Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:
- “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...”
Sócrates lo interrumpió diciendo: -“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?
-“¿Los Tres Filtros...?”
-“Sí” - replicó Sócrates. El primer filtro es la VERDAD. –“¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?”
-“No... lo oí decir a unos vecinos...”
-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”
-“No, en realidad no... al contrario...”
-“¡Ah!” - interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos a la último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?”
- “Para ser sincero, no.... Necesario no es.”
- “Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario... sepultémoslo en el olvido...”
¿Tienes algo que decir a otra persona?. Recuerda pasarlo por la VERDAD, la BONDAD y la NECESIDAD antes de decirlo.
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Entonces apareció el zorro:
- Buenos días –dijo el zorro.
- Buenos días –respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
- Estoy acá –dijo la voz- bajo el manzano...
- ¿Quién eres? –dijo el principito-. Eres muy lindo...
- Soy un zorro –dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo –le propuso el principito-.¡Estoy tan triste!...
- No puedo jugar contigo – dijo el zorro -.No estoy domesticado.
- ¡Ah! Perdón –dijo el principito.
- Pero, después de reflexionar, agregó: - ¿Qué significa “domesticar”?
- No eres de aquí –dijo el zorro-. ¿qué buscas?
- Busco a los hombres –dijo el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
- Los hombres –dijo el zorro- tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
- No –dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?
- Es una cosa demasiado olvidada –dijo el zorro-.Significa “crear lazos”
- ¿Crear lazos?
- Si –dijo el zorro -. Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tu tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás par mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
- Empiezo a comprender –dijo el principito- Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
- Es posible –dijo el zorro -. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas... !
- ¡Oh! No es en la Tierra –dijo el principito.
El zorro pareció intrigado.
-¿En otro planeta?
- Sí.
- ¿Hay cazadores en ese planeta?
- No.
- ¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
- No.
- No hay nada perfecto –suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
- Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mi el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tu tienes cabellos color de oro. Cuándo me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito.
¡Por favor... domestícame! –Dijo.
- Bien lo quisiera –respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
- Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro. Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué hay que hacer? – Dijo el principito.
- Hay que ser muy paciente –respondió el zorro -.
Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente volvió el principito.
- Hubiese sido mejor volver a la misma hora –dijo el zorro -. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡Descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora nunca sabré a que hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito –dijo el principito.
- Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro -. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme por la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domestico al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡Ah!.. - dijo el zorro -. Voy a llorar.
- Tuya es la culpa –dijo el principito -. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara...
- Sí –dijo el zorro.
- Entonces, no ganas nada.
- Gano –dijo el zorro -, por el color del trigo.
Luego agregó:
- Ve y mira nuevamente las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito fue a ver nuevamente las rosas:
- No sois en absoluto parecidas a mi rosa, no sois nada aún –les dijo -. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosa se sintieron muy molestas.
- Sois bellas, pero estáis vacías –les dijo todavía -. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que ella es la rosa a quien he regado. Puesto que elle es la rosa a quien puse baja un globo. Puesto que ella es la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que ella es la rosa cuyas orugas mate (salvo dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que ella es la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.
Y volvió hacia el zorro:
- Adiós –le dijo
- Adiós –dijo el zorro -. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el principito, a fin de acordarse.
- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
- El tiempo que perdí por mi rosa... - dijo el principito, a fin de acordarse.
- Los Hombres habían olvidado esta verdad –dijo el zorro -. Pero tu no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
- Soy responsable de mi rosa... –repitió el principito, a fin de acordarse.
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CAPITULO XXI DE "EL PRINCIPITO"
Entonces apareció el zorro:
- Buenos días –dijo el zorro.
- Buenos días –respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
- Estoy acá –dijo la voz- bajo el manzano...
- ¿Quién eres? –dijo el principito-. Eres muy lindo...
- Soy un zorro –dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo –le propuso el principito-.¡Estoy tan triste!...
- No puedo jugar contigo – dijo el zorro -.No estoy domesticado.
- ¡Ah! Perdón –dijo el principito.
- Pero, después de reflexionar, agregó: - ¿Qué significa “domesticar”?
- No eres de aquí –dijo el zorro-. ¿qué buscas?
- Busco a los hombres –dijo el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
- Los hombres –dijo el zorro- tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
- No –dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?
- Es una cosa demasiado olvidada –dijo el zorro-.Significa “crear lazos”
- ¿Crear lazos?
- Si –dijo el zorro -. Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tu tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás par mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
- Empiezo a comprender –dijo el principito- Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
- Es posible –dijo el zorro -. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas... !
- ¡Oh! No es en la Tierra –dijo el principito.
El zorro pareció intrigado.
-¿En otro planeta?
- Sí.
- ¿Hay cazadores en ese planeta?
- No.
- ¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
- No.
- No hay nada perfecto –suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
- Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mi el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tu tienes cabellos color de oro. Cuándo me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito.
¡Por favor... domestícame! –Dijo.
- Bien lo quisiera –respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
- Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro. Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué hay que hacer? – Dijo el principito.
- Hay que ser muy paciente –respondió el zorro -.
Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente volvió el principito.
- Hubiese sido mejor volver a la misma hora –dijo el zorro -. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡Descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora nunca sabré a que hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito –dijo el principito.
- Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro -. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme por la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domestico al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡Ah!.. - dijo el zorro -. Voy a llorar.
- Tuya es la culpa –dijo el principito -. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara...
- Sí –dijo el zorro.
- Entonces, no ganas nada.
- Gano –dijo el zorro -, por el color del trigo.
Luego agregó:
- Ve y mira nuevamente las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito fue a ver nuevamente las rosas:
- No sois en absoluto parecidas a mi rosa, no sois nada aún –les dijo -. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosa se sintieron muy molestas.
- Sois bellas, pero estáis vacías –les dijo todavía -. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que ella es la rosa a quien he regado. Puesto que elle es la rosa a quien puse baja un globo. Puesto que ella es la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que ella es la rosa cuyas orugas mate (salvo dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que ella es la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.
Y volvió hacia el zorro:
- Adiós –le dijo
- Adiós –dijo el zorro -. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el principito, a fin de acordarse.
- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
- El tiempo que perdí por mi rosa... - dijo el principito, a fin de acordarse.
- Los Hombres habían olvidado esta verdad –dijo el zorro -. Pero tu no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
- Soy responsable de mi rosa... –repitió el principito, a fin de acordarse.
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY
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